Cusco: Montaña de los Siete Colores


Mi corazón latía a toda velocidad. Mi cabeza daba vueltas. Mis pulmones no se cansaban de protestar. Mi presión estaba más alta que la montaña. Cada paso que daba requería de un gran esfuerzo; cada diez pasos requerían de una parada para descansar.

La Montaña de los Siete Colores es una experiencia espectacular, pero no perdona a los que no la toman en serio, a los que no se educan antes de buscar conquistarla.

Permítanme educarlos.

Volvamos en el tiempo a unas horas antes, cuando terminaba de comer mi Cuí en el restaurante Pachapapa mientras hablaba con mis compañeras un rato. Regresamos al hotel a eso de medianoche, finalizando oficialmente nuestro primer día en Cusco. En tres horas me vendrían a buscar para el tour a la Montaña Arcoíris, pero supuse que podría dormir un par de horas en mi cama, y otro par en el bus, puesto que de Cusco a Vinicunca son unas tres horas de camino. Con eso tendría suficiente descanso, y lo demás lo dormiría al otro día luego de volver.

Error #1.

Bueno, realmente fue el error #2. El error #1 fue uno del cual no tuve mucho control pues no fui quien organizó el itinerario del viaje, aunque igual me temo no hubiese hecho mucha diferencia, no luego de comer arena y quemarme con el sol en Paracas, partirme los labios en Cusco por la sequedad, y dormir lo que un médico de turno en mi primer día en la ciudad, todos por causa mía. El primer verdadero error fue programar ese tour a la Montaña de los Siete Colores apenas un día después de llegar a Cusco.

No sé si se habrán fijado en esa primera foto, el letrero que dice “Altitud”. Ese punto, 4480 metros sobre el nivel del mar, es el punto de partida. Recordarán que la altura de Cusco es de 3400 metros. Recordarán también que esta altura les afecta lo suficiente como para repetirles varias veces que tomaran té de Coca, y masticaran las hojas. Así que imagínense que llevan un día en Cusco, adaptándose a una altura a la que sus cuerpos no están acostumbrados, para acostarse tan tarde que ya técnicamente es el siguiente día, y trasladarse con muy poco descanso a un lugar mil metros más alto.

Ahora imaginen que de esas tres horas de camino que supusieron podrían aprovechar para dormir la mitad tienen carreteras con reductores de velocidad, o grietas que van a poner a prueba los “shock absorbers” del vehículo. Imaginen que pueden cerrar los ojos, pero no pueden dormir.

Pues así.

La subida a la montaña por el bus es otra aventura. Debo recalcar que este viaje se dio en julio de 2018, las cosas pueden haber cambiado, y al menos estoy al tanto de que hubo ciertos avances en la montaña misma. Pero cuando fui, ese ascenso en bus era por carreteras sin vallas de seguridad, y la montaña es alta. Si le tienen miedo a las alturas, este es un buen momento para intentar dormir.

Una vez llegamos al punto de partida, nos entregaron los desayunos. Lo mejor hubiera sido entregarlos como media hora antes de llegar, para poder consumirlo con calma. El desayuno es ligero – tiene que serlo – y consiste de un sandwich, una fruta, una botella de agua, y un jugo. Como nos lo entregaron al llegar, y uno lo que está pensando en esos mismos es en ir al baño, solo me comí la mitad del sandwich y bebí un poco de agua.

Error #2 (o 3, digamos que 3).

No se supone que uno se eche demasiado al estómago por la misma razón que deben desayunar ligero antes de llegar a Cusco. Pero sí deben echarse algo al estómago. Necesitarán las energías. Necesitarán la hidratación también. No se crean que porque comieron Cuí con papas y maíz tarde en la noche anterior eso les va a rendir para Vinicunca.

El rostro de la inocencia.

Ah, prepárense para el frío. En julio, esto significaba 20 grados F (-5 Celsius). Julio es pleno invierno, así que la posibilidad de nevadas es real (yo no tuve que lidiar con ninguna, pero aún así había nevado recientemente, como pueden ver en las fotos). Independientemente de la época en que vayan, debido a la altura va a hacer mucho frío. Aquí sí es recomendable la ropa termal. Yo nunca había estado en un lugar tan frío (fue mi primera vez viendo nieve de cerca), así que no tenía ropa termal, y en su lugar me puse dos suéteres gruesos de lana manga larga, dos bufandas, y el jacket encima, con el gorrito para proteger las orejas, y un mahón con un pantalón corto debajo, más dos pares de medias. De la cintura para abajo no me molesta el frío, y en este caso tampoco fue así a pesar de la poca protección. Donde sí sentí que me iba a fastidiar fue en los pies, donde aún con los dos pares de medias pensaba que se me iban a caer los dedos del frío.

Al menos en esas estaba hasta que vi cómo los arrieros locales andaban todos en chanclas sin medias, y acallé mis quejas internas.

“No sea tan bebé,” parece que me dice.

Hablando de los arrieros, recomendación sumamente importante: alquilen un caballo. A menos que sean atletas no recomendaría la subida a pie. No es que sea imposible, pero la van a pasar bastante mal. Yo la pasé mal con todo y que subí a caballo (como verán en el video al final), a pie no sé si hubiera llegado luego de combinarlo con mi falta de descanso y de desayuno. Probablemente no.

La compañía que nos proveyó los servicios también negociaron con los arrieros para los caballos de nuestro grupo, pero de lo contrario ustedes mismos tendrán que buscarlos. Los arrieros son su propia entidad, por lo que ellos toman la decisión final, y punto. Si no quieren que se monte, no se va a montar. Y no van a querer que se monten en sus caballos si lo ven muy sobrepeso. Como no hay un consenso en cuanto al peso (eso ellos lo deciden a ojo más que nada), no les puedo dar un número límite. Pero si usted es muy sobrepeso, no debería hacer este tour en primer lugar.

Habrán notado todo el bagaje que lleva mi arriero a cuestas. Eso no son cosas para el caballo, equipo de primeros auxilios (¡ja! ni lo sueñen), o ropa de invierno. Es que lleva a su bebé a cuestas.

Sí, desde que nacen están subiendo esa montaña todos los días, varias veces al día. Probablemente podrán subir el Everest a trote cuando crezcan.

Si las chanclas me hicieron acallar mis quejas internas sobre mis pies, el bebé me hizo contemplar toda mi existencia.

Y antes de que les de pena, y que cómo es posible que esa pobre señora y ese pobre niño anden a pie cuando uno va a caballo, y pobre caballo y demás, pues sepan que así se ganan la vida, están acostumbrados a la subida, y una vez estén de camino por más pena que les de el caballo van a estar más que conscientes que si se bajan ahí quedan.

No es que me diera pena y me bajé, es que hay áreas que uno debe bajarse del caballo antes de cruzarlas.

El camino al área de los Siete Colores es espectacular. Vamos, que me gustó mucho más que los mismos Siete Colores (que por la nieve igual no los pude apreciar bien). Quizás si ustedes ya han ido anteriormente de “hiking” por montañas nevadas no les impresione, pero para alguien que viene del Caribe y en su vida ha visto en persona montañas de ese calibre, es toda una experiencia. Altura o no altura, frío o no frío, el camino fue a la vez relajante y divertido.

Tardan aproximadamente una hora en llegar a caballo al punto de las fotos. El caballo no puede llevarlos todo el camino, esos últimos doscientos metros más o menos los tienen que subir a pie. Parecerá poco, pero en esa altura – y en este punto hablamos de 5200 metros sobre el nivel del mar – recorrer ese último tramo supone un vía crucis que incluso vi personas que dieron la vuelta y regresaron sin completarlo. Ese primer párrafo de este blog, ese corazón que latía como si estuviera corriendo a toda velocidad en una cuesta empinada, esa presión que me subió como la espuma, esa fatiga propia de alguien que ha corrido un maratón, eso es lo que se siente subir esa colina.

Supongo que la cara de perro es por el dolor de cabeza…

Añadan a eso que, al menos en aquellos días, el fango y el hielo se combinaban para que subir requiriera de todavía mayor esfuerzo. Me parece que hoy en día han mejorado ese camino. Esto de la Montaña de los Siete Colores es una atracción relativamente nueva, causada por el calentamiento global derritiendo la nieve que por miles de años cubría perpetuamente el lugar, permitiendo el descubrimiento de esos suelos multicolores. Por esa razón todavía está bastante cruda turísticamente. Por esa razón deben tener mayor precaución de la habitual, pues aquí no será como en Cusco que si les da algo los atienden enseguida.

Y a mi me dio algo.

Me dio luego del punto de las fotos, cuando bajamos la colinita para la explicación del guía. Nunca supe de qué habló, porque ahí me dio un dolor de cabeza y un mareo que tuve que sentarme en el piso contra un banco que había allí cerca. Alguien me vio, se compadeció de mí, y me dio a oler unas aromáticas de Muña (el otro remedio santo contra la altura, que también es un té) que me aliviaron el mareo, pero por supuesto no me bajaron la presión.

Para colmo, cuando fue el momento de regresar, por alguna razón mi arriero se empeñó en recogerme considerablemente más lejos que lo que estaban recogiendo a otras personas. Ese regreso sí fue bastante malo, y en el bus todavía me sentía tan mal que una parada que se hizo en un puente de no se qué tampoco supe de qué trataba. No fue hasta que me tomé unas pastillas para el dolor de cabeza que se me alivió.

Todo lo que acabo de describir suena bastante malo, y con razón. Es un lugar que hay que tenerle respeto, porque si les da algo serio no habrán ambulancias cerca, ni primeros auxilios. Dicho esto, con todo lo que aparentemente me he quejado, lo volvería a hacer. Lo volvería a hacer ya en mejor condición física, y tomando las debidas precauciones. Es así de espectacular.

Resumiendo los consejos:

  1. Programen la excursión para el último día completo en Cusco, ya luego de que su cuerpo haya tenido varios días de adaptación.
  2. Tomen la excursión con una compañía certificada. Esto no es para ponerse a ahorrar dinero con chapuceros (y van a encontrar en páginas como Orbitz a muchos chapuceros).
  3. Descansen bien la noche anterior.
  4. Abríguense bien.
  5. Desayunen. Esa botella de agua ténganla a la mano. El agua también ayuda a bajar un poco la alta presión, pero no se abarroten porque una vez de camino no hay baños (creo que hoy en día pusieron uno que otro).
  6. Alquilen un caballo.
  7. Usen bloqueador solar (no lo mencioné porque no es algo grave como lo demás, pero recuerden que estarán horas bajo el sol, aunque no les dé calor).
  8. Si se sienten mal, díganselo al guía. Se supone que tengan tanques de oxígeno para ayudarles. No hagan como yo, que me quedé callado como buen pendejo y me enteré de los tanques luego.
  9. ¡Disfruten! Es una de las mejores experiencias que vivirán en Perú, o cualquier otra parte del mundo.

Aquí les dejo un video de mi experiencia en la Montaña de los Siete Colores. Lo próximo en el blog: Machu Picchu.

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