Bangkok: una introducción


Namaste

Mi aventura en Bangkok fue una fugaz. Mi segundo viaje a Dubai y primero a Tailandia se dio en circunstancias de última hora, en donde la persona que originalmente iría (mi jefe) no pudo hacer el viaje y entré como substituto esa misma semana. Ya mi jefe había hecho ese mismo itinerario con otro grupo de la agencia, así que no acompañaría a este grupo todo el viaje sino sólo la primera semana del mismo antes de regresar y reintegrarse al trabajo. Eso significaba que llegaría solo hasta Bangkok, y por supuesto yo heredé el mismo itinerario.

A pesar de esto, ese único día en Bangkok fue uno productivo, y aproveché para ver algunos de los mayores atractivos histórico-religiosos de la ciudad. Eso lo discutiré en detalle en el siguiente blog. Este lo dedicaré a introducirlos a Bangkok.

De Dubai a Bangkok son unas seis horas de vuelo. Si mi vuelo de Emirates Airlines de Nueva York a Dubai fue una pesadilla, el vuelo de Dubai a Bangkok redimió el buen nombre de la aerolínea. Aunque iba relativamente lleno, este fue uno placentero y cómodo. Yo diría incluso que el equipo utilizado era uno más nuevo que el de Nueva York, no sólo porque era más cómodo sino porque todo se veía más… avanzado. Esto es importante porque aunque las seis horas no se comparan con las trece del vuelo anterior, sigue siendo un vuelo largo y cansón.

A eso hay que añadirle el «jet lag» causado por un nuevo cambio de horario. Mientras Dubai tiene ocho horas de diferencia con Puerto Rico, en el caso de Tailandia son once. El cuerpo humano necesita al menos un día de ajuste por cada hora de diferencia, por lo que los cuatro o cinco días en los Emiratos no son suficientes antes de tener que realizar un nuevo ajuste por las tres horas adicionales en Bangkok. Y si tomamos en cuenta de que luego de un día allí volví a Puerto Rico vía Nueva York, se podrán imaginar lo agradecido que estaba mi cuerpo del abuso.

Mi cara al llegar a mi casa.

Hablando de regresos antes de comenzar la introducción, el proceso de inspección de seguridad en el aeropuerto de Bangkok es un éxito. No que el aeropuerto sea lo último de la avenida, pero son eficientes, y la fila en el chequeo se mueve muy rápido. Un marcado contraste con la procesión de Semana Santa que son las filas de seguridad en algunos aeropuertos de Estados Unidos.

Datos generales

El primer dato interesante de la ciudad capital de Tailandia es que no se llama Bangkok. Al menos, los tailandeses no la llaman así. Su nombre oficial es Krung Thep Maha Nakhon, que significa «la ciudad de los ángeles». «Krung Thep» es como acortan localmente el nombre. «Bangkok» es el nombre de una parte del lado del río Thon Buri, aunque no estoy muy seguro del porqué toda la ciudad adquirió el nombre internacionalmente.

(En realidad, el nombre completo es Krungthepmahanakhon Amonrattanakosin Mahintharayutthaya Mahadilokphop Noppharatratchathaniburirom Udomratchaniwetmahasathan Amonphimanawatansathit Sakkathattiyawitsanukamprasit, que significa «Ciudad de los ángeles, gran ciudad de los inmortales, magnífica ciudad de las nueve gemas, asiento del Rey, ciudad de palacios reales, hogar de dioses encarnados, erigida por Vishvakarman a instancias de Indra. No les sorprenderá saber que el nombre tiene el récord Guinness como el más largo del mundo. Si quieren aprenderse el nombre, abajo les pongo una canción muy pegajosa cuya lírica es únicamente el nombre completo de la ciudad.)

El «lobby» del hotel en donde me quedé por una noche, el Holiday Inn Bangkok Silom.
Mi habitación en el Holiday Inn. Claramente un «Holiday Inn» en Tailandia no es lo mismo que un «Holiday Inn» en Estados Unidos.

La moneda oficial es el Baht tailandés, que al momento de escribir estas líneas tiene un valor aproximado de 30 Baht por dólar. Recuerdo haber cambiado monedas cerca del templo del Buda de Oro, pero ni siquiera lo intenté en el hotel en sí o los alrededores pues como ya saben sólo me quedaría por un día. Mi recomendación es la misma que para otros países, en donde lo mejor es evitar en lo posible hacer el cambio en el aeropuerto, y en vez preguntar en dónde pueden hacer un cambio de moneda que no los trasquilen.

El idioma oficial es el tailandés. En el poco tiempo que estuve allí fui a comer cerca del hotel, y me pude comunicar sin problemas en inglés. Claro, eso fue en un área turística, donde usualmente los negocios tienen personal que habla inglés o el idioma de los turistas que reciben en mayor proporción. Aún así, al menos saben que tienen sus áreas donde pueden comunicarse sin problemas.

Una mínima parte del Gran Palacio de Bangkok. Hablaremos de este lugar y otros de interés turístico en el próximo blog.

El clima es uno bastante húmedo y cálido. Tiene época de lluvias, pero lluvia o no el calor con la humedad es intenso. Es otro lugar en donde deben prepararse para sudar.

Los tailandeses en sí son gente muy cálida también, pero en vez de por su temperatura es por su temperamento y hospitalidad. Una muestra de esto es que durante nuestro tour por la ciudad paramos en un lugar donde se venden piedras preciosas (Tailandia es uno de los principales exportadores de gemas del mundo), y en el área de la cafetería se había organizado en secreto una mini-celebración de cumpleaños para algunos de los miembros del grupo que cumplieron años durante el viaje. Tan pronto nos pusimos a cantarles feliz cumpleaños se unió un grupo de clientes tailandeses a cantar y celebrar con nosotros. Fue algo tan genuinamente encantador que se me quedó grabado en la memoria, y ahora me arrepiento de no haber sacado la cámara para tomar video, pues más bien decidí inconscientemente vivirme el momento.

Otra de las áreas del Gran Palacio Real, en donde las personas rezan por sus muertos.

Hablando de vivirse el momento: los masajes tailandeses son extremadamente famosos. Tan famosos, que en Tailandia hay varias escuelas importantes de masajes, según nos explicaron.

Estos dibujos de la anatomía humana se encuentran cerca del Buda Reclinado. Por allí hay una escuela muy famosa de masajistas.

Así que por supuesto tenía que darme un masaje tailandés. Cabe recalcar que en parte Tailandia también es famosa por los masajes con «final feliz», pero esto no se trataba de eso. Son unos masajes que duran aproximadamente una hora, y que se supone te dejen como nuevo. Nuestra guía tenía el contacto para una compañía de masajes, y nos sacó citas a todos. Los masajistas irían a nuestras habitaciones del hotel en determinados horarios. Llegaban, nos daban el masaje, les pagamos, fin de la historia.

Estos masajes también tienen la reputación de ser bastante fuertes. O, poniéndolo de otra forma, bastante dolorosos. Les puedo decir que esa parte es totalmente cierta. Uno se acuesta en la cama (vestido, nada de quitarse la ropa como en un spa) y la masajista procede a aflojar los músculos de los pies, las piernas, la espalda, los hombros, etc. Tiene una fuerza terrible en las manos, y para rematar luego caminó por mi espalda.

Básicamente pagué para ser torturado por cosa de 40 minutos más o menos.

Supongo que alguien que le guste el BDSM va a estar en la Gloria, pero en mi caso particular descendí a varios círculos del Infierno. El alivio vino cuando el masaje llegó a su fin, no porque mágicamente todos mis músculos se sintieran como nuevos, sino por sentirse agradecidos de que el castigo al que los sometí finalmente había terminado. Se siente sumamente extraño pagarle a una desconocida para torturarte.

Al día de hoy continúo esperando sentirme como nuevo.

Así terminan las manos de la masajista. Probablemente.

¿Recomendaría un masaje tailandés como uno de esos imperdibles? Caramba, no. Por lo menos no a una persona que no esté acostumbrada a los masajes y quiero probar algo nuevo. Por si acaso, la primera vez que fui a Dubai aproveché y me di un masaje en el spa del hotel. Aquello sí fue un buen masaje del que salí como nuevo. El masaje tailandés es como decir un boricua acostumbrado al café con leche y azúcar de momento ir a Colombia y tomarse un café como todo el mundo se lo toma (o sea, sin leche ni azúcar), y esperar que la experiencia lo cambie tan sólo porque se trata de un café de clase mundial. A menos que sea un entusiasta, dudo mucho que eso suceda.

No es mucho más lo que puedo decir de Bangkok sin entrar en los detalles de los tours. Un día no da para absorber muchas experiencias individuales, lamentablemente. Sin embargo, ese único día sí me sirvió para despertar mi curiosidad y poner a Tailandia en mi «bucket list». Salí con cierta envidia del resto del grupo que les quedaba una semana más en ese país.

Era casi medianoche cuando me recogieron para llevarme al aeropuerto. Nunca se me va a olvidar cómo la almohada de viajes que había comprado en Nueva York al inicio de esta aventura se me quedó en la habitación del hotel. Fue una excelente almohada. En el aeropuerto me compré otra, pero aunque estaba diseñada para guardarse en sí misma y ser más fácil de cargar, para nada tenía los niveles de comodidad de la original.

El vuelo de Bangkok a Dubai fue placentero. No tenía personas a mi lado, por lo que iba súper cómodo. También aparentemente se atrasó, aunque no me di cuenta del porqué pues no recuerdo haber esperado mucho en el avión para despegar. Me di cuenta del atraso al llegar a Dubai casi a la hora en que se supone estuviese abordando mi vuelo de conexión a Nueva York. Tampoco fui el único; varios pasajeros se levantaron decididos a correr hasta su próximo vuelo. Y había que correr. El aeropuerto de Dubai es uno enorme, y tuve que correr por veinte minutos con el equipaje de mano, tomando un tren y dos elevadores en el camino. Por suerte había una cantidad considerable de pasajeros que llegaron tarde a tomar su vuelo de conexión y el avión estaba casi vacío cuando finalmente llegué, por lo que no perdí el vuelo. Catorce horas después estaría en una Nueva York que se estaba poniendo bastante fría (era octubre), para esperar unas nueve horas en JFK por mi vuelo de conexión a Puerto Rico.

Esa fue mi aventura en Bangkok, pero no les he hablado aún de los palacios ni los Budas de oro. Eso lo dejo para el próximo blog. ¡Los espero!

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