Mendoza: El Enemigo


NOTA: las publicaciones que haga de hoteles y bodegas en Mendoza no son auspiciados por nadie. Simplemente las comparto pues fueron parte de mi experiencia como agente de viajes inspeccionando el destino, y me parecen recomendables.

A primera instancia la bodega El Enemigo del enólogo Alejandro Vigil, con sus influencias dantescas de Cielo, Infierno, y Purgatorio, tiene una vibra un poco perturbadora. Objetos como el niño demonio/ángel de la foto de abajo no ayudan a disipar esta noción, y uno se pregunta en qué consiste realmente el concepto detrás del nombre, el logo, y sus vinos.

Desde antes de llegar a la bodega se nos hablaba del Sr. Vigil en tonos del más profundo respeto y admiración. El Sr. Vigil es una de esas personas cuyo genio deja huella en la industria a la cual se dedican, un ingeniero agrónomo que utilizó su trasfondo científico para desarrollar e implementar nuevas técnicas en la elaboración de vinos. Sus vinos están considerados entre los mejores del mundo, y su Casa Vigil – en los terrenos de El Enemigo – es literalmente su residencia permanente entre los viñedos que tanto ama.

Entrada a la bodega.

¿En qué consiste el concepto de “El Enemigo”? Según el propio Sr. Vigil, “el mayor enemigo que tenemos las personas somos nosotros mismos”. Su logo “muestra la lucha de un hombre y un dragón como esencia de lo que hacemos todos cada día: luchar con nosotros mismos, con nuestros miedos y frustraciones, para tratar de alcanzar nuestros objetivos”. En el caso del Sr. Vigil, sus objetivos consisten en elaborar los mejores y más novedosos vinos, pensar e ir más allá de lo que comúnmente se ve en su industria, no dejarse encarcelar por los supuestos límites que su mundo ha establecido y atreverse a experimentar.

Nuestro guía nos muestra una “calicata”, que se utiliza para visualizar los diferentes suelos del terreno.

Es en base a esto que surge el concepto dantesco para la bodega. Así como La Divina Comedia exploraba el infierno, el purgatorio, y el cielo, El Enemigo divide sus secciones de esta manera: Cava (Infierno), Restaurante (Purgatorio), Casa Vigil (Paraíso).

Honestamente ya no recuerdo los detalles de la explicación que nos dio el guía sobre las diferentes secciones. Sin embargo, en base a la filosofía del Sr. Vigil y las características de cada sección, más un poco de deducción lógica, creo que puedo llegar a una buena aproximación del porqué cada cosa representaba lo que representaba.

En primer lugar está el Infierno. Es el lugar donde se pagan los pecados, donde se va a sufrir. La Cava de una bodega es donde se guardan los “pecados” en forma de vinos, cuya producción requirió de mucho esfuerzo (sufrimiento). El libro enorme que parece el Necronomicón es realmente un libro de contabilidad (si mal no recuerdo, puedo estar equivocado, aunque les aseguro que no contiene conjuros de ningún tipo).

Preparándonos para expurgar nuestros pecados.

Del Infierno pasamos al Purgatorio. El restaurante es donde probaremos las delicias producto del esfuerzo de la bodega y de la cocina. Es donde expurgamos nuestros pecados para poder pasar luego limpiamente al cielo. Ahora, considerando que ninguno de nosotros vive en Casa Vigil, yo tomaría el restaurante como nuestro Paraíso. Al menos los platos que nos sirvieron eran dignos de él.

Comenzamos con las empanadas. En todo este tiempo que llevamos explorando Mendoza no he hablado sobre las empanadas. Esto es un plato muy típico argentino, el entremés por excelencia. Las empanadas tienen rellenos distintos dependiendo de la región y sus respectivas especialidades. Por lo tanto, una empanada de Mendoza no es lo mismo que una empanada de Buenos Aires o El Calafate. Todas son deliciosas. Yo soy fanático de la versión boricua de este plato, las empanadillas, parecidas en concepto aunque más grandes. En mis dos viajes a Argentina estuve comiendo empanadas a granel, y nunca me cansé.

Por supuesto que no pueden faltar los vinos, que para eso estábamos en una bodega, y sus respectivos maridajes. De manera tal que el Chardonnay combina con carnes blancas, pollos, y pescados, el Cabernet Franc con pastas, pizzas, y asados, y así sucesivamente. Plato tras plato y vino tras vino expurgábamos nuestros pecados de la manera más deliciosa posible. Tan deliciosa, que esos maridajes sabían a pecado.

El equivalente a 500 Ave Marías.

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